Visita de una propietaria preocupada
La dueña entró, con la preocupación grabada en el rostro y los ojos recorriendo la clínica. “Creo que ha comido algo que no debía”, explicó, con voz ansiosa. Me arrodillé para examinar al gato, comprobando detenidamente si tenía algún problema. “Por ahora parece estar bien”, la tranquilicé, palpando suavemente en busca de señales de problemas. Sus orejas se echaron hacia atrás juguetonamente, aliviando un poco la tensión.

Visita de un dueño preocupado